La conquista de nuestra identidad a través de la memoria©
- anapliego
- 11 jul 2023
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 14 jul 2023
Hoy quiero compartir mi pensar acerca de la identidad, para lo cual me inspiro en el pensamiento de Paul Ricoeur. La identidad la tenemos que conquistar por nosotros mismos. Es decir, no somos seres estáticos, sino libres. La manera de encontrar la respuesta a quién soy y hacia dónde voy, es a través de mi identidad narrativa. ¿Pero qué es esto?
Primero hay que saber quiénes somos, para eso hay que cultivar la memoria, no somos seres meramente presenciales, somos análogos a Dios; podemos con nuestra memoria llevar al presente nuestro pasado y proyectarnos hacia el futuro, que no es otra cosa que tener ideales, metas, objetivos que nos harán mejores.

Decía Agustín de Hipona que la memoria es el alma misma en tanto que recuerda.
En ese sentido no hay identidad sin memoria, pero como somos seres procesuales, racionales, que alcanzamos el conocimiento de la verdad a partir de premisas, nuestra identidad también se teje a través de un proceso, que es narrativo.
Esa memoria de nuestra identidad no sólo es individual, no sólo se refiere a mi permanencia en la existencia exclusivamente, sino que es una memoria histórica, que me hace parte de una civilización, que ha encarnado ideales y promesas, sociales, de las que me he beneficiado en mi propia existencia. Aquí hay una analogía con Sócrates, quien se sabe deudor de la polis, de los que han contribuido para construirla, pues así Ricoeur nos recuerda que tenemos una obligación con las promesas inconclusas que comenzaron pero no concretaron nuestros padres.
Esto nos coloca como depositarios de promesas que nos preceden y que tenemos la obligación de cumplir. Esta memoria histórica es crucial, no somos una tabula raza que destruye y no construye, que se olvida de los otros, que no agradece.
Una sociedad con memoria, y que incorpora en su trabajo individual el cumplimento de promesas, es una sociedad que avanza, una sociedad ilustrada, una sociedad de pensadores, y no de bárbaros.
Hay una tención dialéctica entre mi ipseidad y la alteridad, entre la memoria y la promesa, que es dinámica, procesual, temporal, virtuosa, vital, humana. Es el caminar cada día haciendo frente a nuestras metas, es caminar sabiendo quienes somos. Es un ir y venir, que nos reconoce mientras reconocemos al otro en un diálogo encarnado en la acción.
En la fenomenología de la promesa, hay un momento de elocución, performativo, trasformador que se refiere a expresar esa promesa, a elaborarla; quien promete se obliga, y en esta obligación hay un beneficiario, entonces la promesa tiene un sentido moral. Nos comprometemos para aumentar la bondad del mundo, y esto tiene un ingrediente moral.
Para concluir quiero que pensemos quienes somos, cuál ha sido nuestra historia, para luego pensar hacia dónde queremos llegar, qué queremos lograr con eso que somos. No es una vuelta egoísta hacia uno mismo, cerrada y estática, es una vuelta dinámica, virtuosa, que se abre al otro a través del diálogo más perfecto, a saber, el amor.




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