El diálogo y la conquista de la sabiduría©
- anapliego
- 24 ago 2023
- 3 Min. de lectura
Hola, soy Ana Isabel Pliego, y hoy quiero hablar sobre el diálogo y la conquista de la sabiduría. Ante la pregunta de si es posible conquistar la sabiduría, la respuesta es que es difícil poseerla. Esto sucede porque mientras creemos tenerla, se nos escapa y en ocasiones, como no podemos poseerla, afirmamos que no existe. Lo único que nos queda es la actitud del verdaderamente sabio, que es la contemplación. ¿Pero que es contemplar la sabiduría? ¿Qué es la sabiduría?
La contemplación de la sabiduría está relacionada con el ser virtuoso, mientras que el soberbio es el que cree poseerla, el humilde es el que reconoce la limitación y la imposibilidad de llegar a todas las verdades por el mismo. Para entender lo anterior pensemos en la inteligencia artificial, ésta no es sabia, sólo posee muchos de los datos que hemos estado coleccionando como humanidad, pero en el sabio no sólo hay datos, hay orden y finalidad, en el sabio hay virtud, justo medio, no hay defecto o exceso, hay excelencia. El sabio posee conocimientos y sabe qué hacer con ellos, sabe cómo ordenarlos. El orden lo imprime el sabio a las cosas porque descubre que realidades son inferiores y cuales son superiores.
Por ejemplo, el sabio es aquel que con el corazón pletórico de ideas es feliz, y no se apega a lo material, no se apega al poder, no se apega a ideales que desaparecen con la muerte…reconoce lo superior y lo busca. Para entender mejor esto pensemos en un ejemplo de sabio, Nezahualcóyotl, rey texcocano. Su alma clamaba en sus versos por el absoluto, describe la riqueza en su fugacidad, como las plumas de las aves que se desgarran, tan preciadas por los nahuas, o el jade que se quiebra. Y en su inteligencia descubrió que la polifonía de dioses los hacían imperfectos unos a otros, y concibió a Ometeotl, el dios del cerca y del junto, en donde convergen los opuestos en una síntesis superadora.

El sabio ama la vida, no desprecia el cuerpo y sabe callar ante la grandeza del universo. El sabio busca el conocimiento, contempla la realidad y busca la verdad y la belleza.
El sabio busca la verdad pero, ¿es posible conocer la verdad?
El mundo se nos presenta en su polisemia, en su diversidad. La humildad como virtud está presente en la búsqueda de la verdad, pues ésta no se da en la imposición, sino en el descubrimiento y en el diálogo. Necesitamos al otro para compartir las perspectivas de la realidad diversa que se nos presenta a cada uno según nuestras capacidades. De esta manera comenzar a tener un horizonte más completo del universo. Negar la verdad entraña un absurdo: si afirmas que podemos conocer, afirmas la verdad, ya que no hay conocimientos falsos. O se tiene el conocimiento o no hay nada, tal vez una historia plausible y muy bien escrita, pero no hay conocimiento en la falsedad.
Entre dos individuos, uno puede tener el conocimiento, porque ha observado, experimentado, y otro individuo no, por eso es importante el diálogo. Hay que compartir el conocimiento e ir tejiendo como humanidad el sentido del mundo; eso es lo que hace el filósofo. Tenemos la obligación de compartir la verdad, de ser sabios, de ser filósofos, a través de argumentos y de manera libre. Si el otro, mi interlocutor, desea participar en el diálogo y asume la verdad que se descubre, bien, pero siempre de manera libre. El convencimiento es esto, no imponer, sino buscar racionalmente los argumentos adecuados.
El punto de partida de la verdad es el diálogo y del diálogo la tolerancia, pero hay que ir más allá de la tolerancia. La tolerancia se queda en la diferenciación, hay que conquistar el diálogo y hacer comunidad. Hay que ir más allá de la tolerancia, comenzar por ésta, pero ir más allá, buscar una verdad compartida. Hay que valorar las diferencias, pero fomentar el intercambio de la riqueza, que surge de la diversidad, sin olvidar la búsqueda de la unidad.
En conclusión podemos afirmar que el sabio es humilde, abierto, dialógico, compartido, contemplativo, coleccionista y un gran ordenador del conocimiento, empecemos a ser sabios, dejemos de ser islas.




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